SOBRE NOSOTROS

En el corazón de la encantadora Ciudad de Córdoba, donde los ecos de historia y cultura se entrelazan en cada esquina, floreció una pasión única que perdurará a lo largo del tiempo. Todo comenzó gracias a Don Oscar Amilcar Albelo, un hombre cuyo amor por los objetos antiguos y valiosos lo llevó a convertirse en un Anticuario reconocido en la región. Sus ojos entrenados podían discernir la autenticidad y el valor oculto en cada pieza que pasaba por sus manos. Entre sus tesoros descubiertos y restaurados, sus hijos Mariano y Pablo encontraron inspiración para forjar sus propios caminos.

Mariano Albelo, imbuido por la herencia de su padre y guiado por la llama de la creatividad, se sumergió en el mundo de la Orfebrería y la Relojería. Era un camino menos transitado, pero eso no disuadió su determinación. Con las habilidades adquiridas y el legado de su padre como guía, comenzó a infundir vida en relojes que habían compartido historias con el tiempo mismo.

Pablo Albelo, por otro lado, optó por seguir los pasos de su padre en el mundo del Anticuariado. Inspirado por la habilidad de Don Oscar para descubrir la belleza oculta en los objetos más antiguos, Pablo se adentró en la búsqueda de tesoros olvidados y reliquias del pasado. A medida que refinaba su ojo para la autenticidad y el valor, contribuía al legado familiar al continuar la tradición de su padre.

La destreza técnica de Mariano creció con cada proyecto, y con más de 20 años de experiencia en la restauración de relojes, desarrolló un enfoque magistral para revivir piezas horológicas de todas las épocas. Desde los delicados mecanismos de los clásicos hasta las líneas modernas de los contemporáneos, su taller se convirtió en un santuario donde el tic-tac del tiempo encontraba su armonía una vez más.

La pasión que sentía por la relojería se reflejaba en la meticulosa atención que brindaba a cada detalle. Cada engranaje, cada resorte, cada carátula estaba bajo su escrutinio experto. Pero más allá de la técnica, también sentía la conexión emocional que las personas tenían con sus relojes. Entendía que cada marca en la caja, cada rasguño en el cristal, eran testigos de momentos vividos. Se esforzaba por preservar esas huellas mientras devolvía la funcionalidad y la belleza original a cada reloj.

Pablo, por su parte, continuaba explorando las calles empedradas en busca de piezas que contarían historias por sí mismas. Cada mueble antiguo, cada obra de arte desgastada por el tiempo, tenía una narrativa que esperaba ser descubierta y compartida. Siguiendo los pasos de su padre, se convirtió en un guardián de la historia, un coleccionista de momentos capturados en objetos.

Con el tiempo, la reputación de Mariano como un experto confiable y respetado creció, y su taller se convirtió en un refugio para los amantes de los relojes y los coleccionistas apasionados. Su legado se construyó no solo en su habilidad técnica, sino en su dedicación para mantener viva la esencia de cada reloj y asegurar que su historia continúe en manos de las generaciones venideras.

Hace 7 años, Mariano Albelo tomó una decisión que cambiaría su camino. Trasladó su taller a Chile, llevando consigo su experiencia, pasión y conocimientos. Aunque el escenario cambió, su compromiso con la relojería y la preservación de la historia de cada reloj permaneció inquebrantable. Don Oscar, desde dondequiera que su espíritu residiera, seguramente sonreiría al ver cómo su legado había florecido en sus hijos Mariano y Pablo. La Ciudad de Córdoba seguía siendo un lugar donde el tiempo no solo se medía en manecillas y números, sino en historias compartidas y pasiones transmitidas.